No pasa nada, mamá

No pasa nada, mamá.
No pasa nada si hoy no puedes con todo.
No pasa nada si sólo levantarte de la cama te supone un esfuerzo titánico.
No pasa nada si estás tan cansada que sientes ganas de llorar.
No pasa nada.
Date permiso.
Date permiso para no celebrar la vida a cada segundo.
Date permiso para estar triste, aunque no tengas motivos para estarlo.
Date permiso para no agradecer todo lo que tienes todos los días de tu vida.
Y quiérete. Quiérete mucho, mamá.
Porque no pasa nada si hoy te sientes un poco perdida.
No pasa nada si hoy no sabes si estás donde tienes que estar.
Date una tregua. No tienes que tener todas las respuestas, ya llegarán, tranquila, no pasa nada por dudar, temer, equivocarse una y otra vez… es tu camino, es tu aprendizaje, es tu ritmo.
No quieras ser esa «super woman» que nos han vendido, ni lo intentes, ríete de esa imagen prefabricada absurdamente inalcanzable porque tú eres mucho más.
Tú no eres sólo esos kilos de más que se te colgaron la última Navidad y aún no se han ido.
Tú no eres sólo un producto de esta sociedad mirando el correr de los años con agonía por no haber alcanzado las metas fijadas: estudios, trabajo, amor, casa, hijos…
No eres la mujer perfecta, siempre alegre y bella, exitosa, independiente y digna de admiración. No tienes que ser nada para nadie, porque tú eres mucho más.
Eres fuerza, valentía y una capacidad de amar infinita…, pero también eres cansancio, dudas y tristeza, y no pasa nada.
Eres perfecta, con tus luces y tus sombras.
No quieras ser sólo luz, no vivas para los demás, no pretendas brillar todo el tiempo para demostrarte a ti misma que puedes con todo.
Lo siento, no puedes.
Dítelo en voz alta: «no puedo con todo». Con sólo decirlo te sentirás más ligera.
Quítate esa obligación autoimpuesta.
No tienes que ser nada para nadie.
Sé para ti, siente para ti, ámate primero a ti, apasionadamente, el mundo puede esperar.
Ámate entera, ámate de verdad, con tu luz y tu oscuridad, ámate en tus triunfos, pero sobre todo y, ante todo, ámate en tus días tristes, en tus noches oscuras, en tus miedos y tus dudas, en todos tus fracasos.
Porque si hoy paras, si hoy no te levantas de la cama, si hoy lloras o gritas de rabia, todavía sigues siendo esa mujer perfecta con sus maravillosas imperfecciones. Abrázalas, porque no pasa nada, mamá.

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